Cada año, en la noche del 23 al 24 de junio, millones de personas en España celebran la verbena de San Juan. Hogueras, petardos, bengalas y música hasta el amanecer forman parte de una tradición arraigada. Pero más allá del folclore, esa noche tiene consecuencias reales y documentadas sobre la salud de las personas, de los animales de compañía y de quienes padecen determinadas patologías. Conviene conocerlas.
El ruido de los petardos y el daño auditivo
El oído humano empieza a sufrir daño permanente a partir de los 85 decibelios. Un petardo convencional puede superar los 140 dB en el punto de explosión, una cifra comparable a la de un disparo de arma de fuego. La exposición a ese nivel de ruido, aunque sea breve, puede provocar pérdida auditiva temporal, acúfenos —ese pitido persistente que muchas personas experimentan tras una noche de verbena— e incluso hipoacusia permanente si la exposición es repetida o muy cercana. Los más vulnerables son los niños, cuyos conductos auditivos son más estrechos y sensibles, y las personas mayores, que ya acumulan cierto grado de deterioro auditivo previo.
Personas con patologías previas: un riesgo adicional
Para quienes padecen enfermedades cardiovasculares, el sobresalto repetido provocado por las explosiones no es un asunto menor. Los ruidos súbitos e intensos activan la respuesta de estrés del organismo, disparando la frecuencia cardíaca y la tensión arterial de forma brusca. En personas con el corazón comprometido, ese pico puede tener consecuencias serias. Algo similar ocurre con quienes sufren ansiedad, trastorno de estrés postraumático o trastornos del sueño: una noche de ruido intermitente e impredecible puede desencadenar episodios agudos y prolongar sus efectos durante días.
La privación de sueño: el daño silencioso
La noche de San Juan cae este año en martes, y al día siguiente no es festivo para muchos. Eso significa que millones de personas afrontarán el miércoles con una noche de sueño interrumpido o directamente suprimido. La privación de sueño aguda deteriora la función cognitiva, el sistema inmunitario y la regulación emocional. Una sola noche sin dormir bien ya tiene efectos medibles en el rendimiento al día siguiente. Para quienes trabajan con maquinaria, conducen o toman decisiones críticas, ese deterioro no es trivial.
Las mascotas también lo sufren
El estrés agudo por ruido en perros y gatos no es una reacción caprichosa: es una respuesta fisiológica real. Durante la noche de San Juan se disparan las llamadas a veterinarios de urgencias, los casos de animales fugados por el pánico y los cuadros de estrés severo que requieren sedación. Las taquicardias, la hiperventilación y el temblor sostenido tienen un coste físico real para el animal.
Lo que muchos propietarios desconocen es que el oído de los perros percibe frecuencias hasta cuatro veces superiores a las del ser humano, lo que convierte cada explosión en una experiencia sensorialmente devastadora. En gatos, la respuesta de huida puede llevarlos a escapar por ventanas o balcones, con el consiguiente riesgo de caídas. Los veterinarios recomiendan anticiparse: consultar con antelación la posibilidad de recetar ansiolíticos o feromonas sintéticas, preparar un espacio interior tranquilo y alejado de ventanas, y no dejar al animal solo durante las horas de mayor actividad pirotécnica. La noche de San Juan es, para muchas mascotas, una experiencia traumática cuyos efectos —mayor reactividad al ruido, conductas de evitación, ansiedad generalizada— pueden prolongarse semanas después de que las hogueras se hayan apagado.
Quemaduras y urgencias: los datos no mienten
Los servicios de urgencias de toda España registran cada año un pico de atenciones la noche de San Juan por quemaduras en manos, cara y extremidades, en su mayoría causadas por la manipulación incorrecta de petardos y bengalas. Muchos de los afectados son menores de edad.
Celebrar es legítimo. Pero conocer el impacto real de esa celebración sobre la salud propia y ajena también lo es.






