Una exposición saludable al sol

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Lo cierto es que, cuando se habla de exposición solar, casi siempre es para advertir de los efectos negativos de la radiación ultravioleta para nuestra salud, en especial, para la salud de nuestra piel. Sin embargo, el sol nos aporta también muchos beneficios: tiene un efecto positivo sobre el estado de ánimo, nos ayuda a descansar mejor, contribuye a reducir la presión arterial y mejora el curso de ciertas patologías, entre otros. Asimismo, es a través de la exposición solar, que nuestro cuerpo sintetiza la vitamina D (también conocida como la ‘vitamina solar’ o la ‘vitamina del sol’). Este micronutriente es crucial para el correcto desarrollo y mantenimiento de nuestra estructura ósea (ayuda a que nuestro organismo absorba el calcio), pero también se está investigando el posible vínculo de esta vitamina (en concreto, su deficiencia) con diferentes condiciones médicas tales como la diabetes, la presión arterial alta, el cáncer, la depresión y enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple.

En este blog de salud hemos hablado en diferentes ocasiones de la creciente deficiencia de vitamina D entre la población española, a pesar de ser un país con un clima soleado y con muchas horas de luz durante todo el año. Algunas hipótesis ‘culpan’ al uso generalizado de protección solar con un FPS alto o muy alto junto al hecho de que cada vez pasamos menos horas al exterior, mientras que otras responsabilizan a químicos como el bisfenol A y los ftalatos de causar estos bajos niveles de vitamina D.

Es cierto que, más allá del sol, podemos obtener esta vitamina a través de la alimentación. Sin embargo, son pocos los alimentos que contienen vitamina D de manera natural. Las mejores fuentes de vitamina D son los pescados grasos (pescado azul) como el atún, el salmón y la caballa; mientras que los lácteos y las yemas de los huevos suministran pequeñas cantidades. También podemos encontrarla en alimentos fortificados como cereales, leche, bebidas vegetales o yogures.

Algo de descubrí recientemente es que los champiñones también aportan algo de vitamina D, porque han sido expuestos a luz ultravioleta a la hora de cultivarlos. En Estados Unidos, por ejemplo, el reclamo ‘fuente de vitamina D’ se usa en los envases de champiñones frescos.

No obstante, la síntesis de vitamina D en la piel a partir de la exposición solar es la principal fuente natural que existe. Y esto hace que, desde hace años, haya la inquietud entre la comunidad científica por encontrar el punto justo de exposición solar que nos proporcione todos los beneficios del sol, pero sin perjudicar a la salud de nuestra piel, ya que como sabemos la radiación ultravioleta provoca quemaduras solares y el envejecimiento prematuro (con la aparición temprana de manchas, arrugas, flacidez, etc.), y lo más preocupante: contribuye a la formación de ciertos tipos de cáncer de piel.

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Con este objetivo, y partiendo de la evidencia de que actualmente existe un alto porcentaje de población española que padece insuficiencia de vitamina D, el Grupo de Investigación en Radiación Solar de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) ha analizado el tiempo necesario de exposición solar para obtener las dosis recomendadas de vitamina D sin que ello dañe a nuestra salud. Los resultados del trabajo han sido publicados en la revista Science of the Total Environment.

En este contexto, María Antonia Serrano, científica de la UPV y autora principal de la investigación, explica que “en España, a pesar de ser un país con muchas horas de sol, diferentes artículos han reportado un alto porcentaje de deficiencia de vitamina D entre varios estratos de la población”.

A la hora de realizar su investigación, Serrano y sus compañeros estimaron el tiempo necesario para obtener las dosis recomendadas – una ingesta diaria de 1000 UI (unidades internacionales) de vitamina D – en una zona como la ciudad de Valencia, que recibe una gran dosis de radiación ultravioleta (UV) durante todo el año.

El trabajo analizó la irradiancia solar ultravioleta (UVER) alrededor del mediodía (entre las 12:30 a 13:30 h) durante cuatro meses del año (uno de cada estación) desde 2003 hasta 2010. A partir de estas cifras, se calculó el tiempo para producir eritemas (enrojecimiento de la piel causado por quemaduras).

Los datos obtenidos subrayan que, en julio, un individuo con tipo de piel III – la más usual en la población española y que se caracteriza por una piel de clara a mate, que se quema a veces, pero siempre se broncea (bronceado medio) y que puede tener algunas pecas – no debe estar más de 29 minutos bajo el sol si quiere evitar quemarse. Sin embargo, en enero, el mismo individuo puede permanecer en el sol durante 150 minutos.

De la misma forma, se obtuvo el tiempo mínimo de exposición para obtener la dosis diaria recomendada de vitamina D. En este sentido se comprobó que, alrededor del mediodía en enero, con un 10% de exposición corporal, se necesitan alrededor de 130 minutos para obtener la dosis diaria recomendada de vitamina D. Como este tiempo es menor que el que produciría eritema, no hay riesgo de quemaduras solares. En cambio, en abril y julio, con un 25% de exposición corporal serían suficientes unos 10 minutos para adquirir la vitamina. En octubre, por su parte, serían necesarios unos 30 minutos.

El problema, como indica la investigadora, puede aparecer en invierno, “debido a los bajos niveles de radiación UV y al hecho de que la gente cubre la mayor parte del cuerpo”. Además, si lo pensáis, no es lo habitual pasar unas dos horas diarias al exterior durante el invierno. En mi caso, y eso que camino bastante durante todo el año, no creo que supere los 40 minutos al exterior durante la semana.

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Además, “estos cálculos se realizaron para el tipo de piel III, pero si fuera más clara o más oscura, las cifras cambiarían”, apunta Serrano. Es decir, una piel más clara necesitaría pasar menos tiempo al exterior para obtener las dosis recomendadas de vitamina D, mientras que una persona de piel más oscura requeriría más minutos. “También hay que tener en cuenta que hemos considerado un porcentaje de cuerpo expuesto habitual para la temporada. Si este fuera mayor (en caso de que fuéramos más descubiertos), entonces el tiempo de exposición se reduciría”, apunta Serrano.

Igualmente, el tiempo obtenido para producir eritema se ha calculado para días medios. “El sol debe tomarse siempre con precaución. Para los días extremos, los tiempos de exposición permisibles serían mucho más cortos”, subraya la investigadora.

Contra lo que se pudiera pensar, los resultados de la investigación demuestran que, aunque existe suficiente radiación para lograrlo en países como España, es difícil alcanzar las dosis recomendadas de vitamina D en invierno (de noviembre a febrero) en una latitud media norte, ya que el tiempo necesario de exposición resulta elevado (130 minutos).

En estos meses, con un 10% de exposición corporal, durante el mediodía solar se necesitarían dos horas de exposición para obtener una dosis óptima de vitamina D (a las 10 h se requerirían, aproximadamente, 9,7 horas, y a las 16 h, unas 5,7).

Por el contrario, en las horas centrales de los días de primavera y verano, con un 25% de exposición corporal, unos 10 minutos de exposición solar alrededor de las 13 h, y unos 20 minutos desde las 15 hasta las 17 h serían suficientes para satisfacer las necesidades diarias de vitamina D.

Además, añade Serrano, “la radiación recibida depende de la postura, la forma del cuerpo y la ropa. También debe tenerse en cuenta que todas las áreas de la piel del cuerpo no sintetizan vitamina D con la misma eficiencia”.

La edad de las personas también desempeña un papel importante en la síntesis de vitamina D a partir de la radiación UV ya que, con los años, se produce una disminución de la capacidad de producir vitamina D, teniendo los adultos de mediana edad un 66% de potencial deficiencia en comparación con los niños.

Estos resultados, concluye la investigadora de la UPV, “pueden ayudar a la adopción de medidas apropiadas para compensar la posible deficiencia, como informar al colectivo médico sobre la conveniencia de aumentar la ingesta de vitamina D a través de la dieta o suplementos, entre otras actuaciones”.

¿Qué os parecen estos resultados? ¿Creéis que os exponéis lo suficientemente al sol (con seguridad) cómo para obtener la dosis adecuada de vitamina D?

Rosa Lecina

Periodista de salud, belleza y bienestar. Lo que más me gusta de mi trabajo es que me permite aprender cosas nuevas cada día y poder compartirlas con los demás. Desde Santium espero poder descubriros todo aquello que nos ayude a vivir una vida más sana. Podéis contactarme en: blogsanitum@gmail.com

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